Jose Cabello con los brazos cruzados apoyado en un pilar de hormigón

El problema de tu negocio no es el dinero que te falta. Es el que estás a punto de pedir para taparlo.

Son las cuatro de la mañana y estás despierto otra vez.

Abres la app del banco aunque ya sabes lo que pone. Haces la cuenta mental de las nóminas, de Hacienda, del proveedor al que le dijiste «la semana que viene». Y piensas lo de siempre: este mes aprieto y el que viene ya respiro.

Llevas así más meses de los que quieres admitir.

Por fuera, todo bien. Facturas, tienes clientes, tienes equipo. La gente te dice que te va genial. Por dentro, sientes que el negocio te lleva a ti, y no al revés.

Si te reconoces en tres de estas, sigue leyendo

No te lo digo desde un despacho. Te lo digo porque yo estuve exactamente ahí. Con veintiséis años tenía una empresa con más de veinticinco empleados y 3.500 propiedades en cartera. Por fuera, el chaval de oro del sector en Granada.

En octubre de 2023 me senté a sumar lo que llevaba años sin querer sumar: 538.142 € de deuda. Despedí a todo mi equipo. Perdí la oficina. Y en junio de 2024, con la lección supuestamente aprendida, cometí el mismo error otra vez: volví a pedir dinero para tapar el agujero. Y volví a perderlo casi todo.

No se sale de un pozo con las mismas manos que lo cavaron. Primero cambias las manos. Después cavas la salida.

Por qué no lo ves (y no es porque seas tonto)

Los errores grandes no se cometen desde la irresponsabilidad. Se cometen desde la convicción. Yo estaba convencido de que lo hacía bien. Todos los que se estrellan lo están. Estas son las trampas mentales que me hundieron a mí y que veo en casi todos los dueños con los que me siento:

El coste hundidoCon todo lo que he metido, ahora no puedo cambiar.Precisamente porque has metido tanto, seguir igual es lo más caro que puedes hacer.
El optimismo del dueñoEl mes que viene ya cuadra.Lo dijiste el mes pasado. Y el anterior. La esperanza no es un plan de tesorería.
Confundir el síntoma con el problemaLo que me falta es liquidez.La falta de caja casi nunca es la enfermedad, es la fiebre. Más dinero sobre una forma de construir rota solo hace el agujero más hondo. A mí me pasó dos veces.
La ilusión de controlSi echo más horas, lo saco.Si el problema fuera de esfuerzo, ya lo habrías resuelto. Trabajas más que nadie. Ese no es el cuello de botella: lo eres tú.
Rodearte de síesMi equipo me dice que vamos bien.Cuando eres el que paga, casi nadie te dice la verdad. Yo dejé de escuchar y atropellé a quien me avisaba. Me salió muy caro.
Tu identidad fundida con tu empresaSi esto cae, yo no soy nada.Mientras la empresa y tú seáis lo mismo, no podrás tomar las decisiones que la salvan. Te lo digo por experiencia: esa es la madre de todos los errores.

Lo que hago contigo

Lo mismo que tuve que aprender a hacer conmigo para sobrevivir: mirar tu negocio desde fuera y ver, con una claridad casi incómoda, el error que tú no ves porque estás demasiado dentro.

DiagnósticoSeparo lo urgente de lo importante y encuentro el error que está debajo de todos los demás. Sin anestesia.
Plan de acciónUna hoja de ruta concreta: qué ordenar, qué cortar, qué decidir primero y qué dejar de hacer.
AcompañamientoContigo o con tu equipo directivo, mes a mes, hasta que el orden se sostenga sin que tú estés encima.

Si mi consultoría fuese para todo el mundo, este apartado no haría falta

Para que te sirva, tienes que cumplir estas condiciones:

  • Tu negocio factura. No es una idea ni un proyecto: tiene ingresos reales y clientes que compran.
  • El mercado te compra. Lo que falla es dentro: orden, números, estrategia o equipo.
  • Aceptas que te cuestione decisiones. Si no estás dispuesto a escuchar lo que no te gusta, no puedo ayudarte.
  • Sabes que, si no lo resuelves, puedes perder todo lo que has construido.

* Si tu negocio todavía no factura, este no es tu sitio ahora. Entra en MÁXIMOEXPONENTE y vuelve cuando lo haga.

Si aún tienes un «pero», probablemente esté aquí

Tú vienes del sector inmobiliario. ¿Qué sabes tú de mi negocio?

Los errores que hunden negocios se parecen muchísimo entre sí, da igual el sector: el dueño que no delega porque no confía en nadie, el crecimiento montado sobre deuda en vez de sobre margen, la identidad del fundador fundida con la empresa. Nada de eso es del ladrillo. Es humano. Y de eso tengo doce años de doctorado, pagado a precio de oro.

Esto suena al típico gurú de mentalidad.

Lo entiendo, yo también desconfiaría. Mi única diferencia: no vengo de un escenario. Vengo de una oficina modesta en la plaza del ayuntamiento de Granada, de una lista de acreedores con nombre y apellidos y de una deuda que sigo pagando mientras lees esto. Todo lo que hago tiene cicatriz.

¿Y si ahora mismo no puedo pagarte?

Cuéntamelo en la solicitud. Si tu negocio tiene potencial real, a veces trabajamos de otra forma. No te prometo nada hasta conocer tu caso.

¿Solicitar plaza me garantiza que me la concedas?

No. Leo cada solicitud y solo acepto los casos en los que veo claro que puedo ayudar. Si no es tu caso, te lo diré con honestidad.

¿Cuánto hay que esperar?

Trabajo con pocos negocios a la vez para poder implicarme de verdad. Cuando envíes tu solicitud te diré si hay plaza o cuándo la habrá.

¿Me harás factura? ¿Puedo desgravarla?

Sí, recibirás factura. Al ser un servicio profesional para tu negocio, normalmente es deducible; confírmalo con tu asesor.

Ya sabes por qué has llegado hasta aquí. Solo falta ponerlo por escrito.

Iniciar proceso de admisión

Jose Cabello se reserva el derecho de admisión.